A la memoria de Joanna Francis

Fue hace ya unos 10 años, allá por la primavera de 2001, cuando tuve la fortuna de conocer a esta gran persona. No era la primera vez que venía a Doñana, la exuberante naturaleza de estas latitudes ya la había recientemente atrapado. Siendo una entusiasta amante de la naturaleza, siempre estaba dispuesta a aumentar sus conocimientos sobre cualquier tema, siempre agradecida por una nueva experiencia, siempre encantada con cualquier pequeña sorpresa que nuestras excursiones por Doñana nos ofrecían. Desde grandes eventos como la observación de impresionantes colonias de aves nidificantes a pequeños acontecimientos como la construcción de una trampa de hormiga león; desde el poderoso ciervo a la más delicada florecilla: desde las más altas copas de los árboles  a los estratos más bajos al nivel de los ojos de una lagartija, no había rincón de la naturaleza que escapara a su interés. 
 
Yo disfrutaba tanto como ella de sus escapadas a Doñana. Después de un buen número años de experiencia como guía del Parque, y miles de personas a las que me había tocado transmitir mi entusiasmo por este maravilloso rincón de Europa, debo decir que pocos de ellos mostraron tal adhesión fervorosa por Doñana. No hay nada que motive más a un guía de naturaleza que el ver disfrutar a la persona con la que sales al campo, de manera que siempre estaré agradecido a Joanna por todos esas grandiosas jornadas que pasamos juntos en Doñana. 
 
Sabiendo que quizás sería la última vez, nos visitó a finales de Enero, no había visto nunca las grullas y ánsares en sus cuarteles de invierno, y no siendo especialmente buena en limícolas, quería mejorar sus habilidades de identificación en la época del año que ofrecía un mejor reto. La luz del invierno en Doñana también la cautivó, la claridad del paisaje y la inmensidad de la marisma inundada después de las abundantes lluvias de Otoño. Pero otra luz, su luz, se extinguió para siempre hace unos días. Todos los que la conocíamos la echaremos de menos. 
 
Me hubiera encantado poder enseñarle Doñana de nuevo esta primavera. Las lluvias de invierno también han sido copiosas este año, de manera que la marisma presenta un aspecto excelente y las expectativas son las mejores de los últimos tiempos. Los prados, sobrevolados constantemente por los Abejarucos, se mantienen verdes con abundantes flores y mariposas; en los bosques se puede identificar y localizar fácilmente cada especie por su canto, y en la marisma la diversidad es la mayor de todo el año. La grandiosa Águila Imperial, el quejumbroso Milano Negro, la poderosa Águila Culebrera, la gran cazadora el Águila Calzada, los elegantes Aguiluchos Cenizos, los habilidosos Cernícalos y los tiernos Mochuelos, todos hubieran estado dispuestos a mostrar sus destrezas de nuevo antes los ojos de Joanna. 
 
Joanna hubiera disfrutado también sin duda de los pequeños Chorlitejos Patinegros, empollando ya sus huevos en cualquier pequeña hendidura del barro seco de los bordes de las charcas marismeñas, y de los raros Correlimos de Tenmick que pasan ahora en pequeños números acompañando a los grandes grupos de limícolas en su vuelta al norte, y del exótico aspecto de las Canasteras, las ruidosas charlas de las Cigüeñuelas, los divertidos cortejos de las Terreras Comunes, los vuelos de las Avefrías alejando a los Milanos de sus nidos, la curiosa silueta de la Focha Moruna ocultándose a nuestra vista entre la castañuela, las formaciones de Moritos volviendo a la colonia de cría, los grandes bandos de Flamencos levantado el vuelo y mostrando las llamaradas de rojo fuego que decoran sus alas y le dan nombre, los Buitres Leonados ganando altura girando sobre una térmica y los Calamones; Joanna hubiera disfrutado enormemente de nuevo de esos extravagantes gallos azules que ya están alimentando a sus pollos esta primavera escondidos entre los juncos y las eneas. 
 
Cuanto le hubiera gustado de nuevo ayudarme en la búsqueda del que, como ella bien sabía, es mi ave preferida, la Ganga. Tarea difícil cada vez que se intenta, pero eso precisamente lo hace más interesante y gratificante. Las tres parejas que vimos hoy estaban dándose un baño de polvo en una esquina de arcilla desprovista de vegetación a solo unas pocas decenas de metros de nuestro coche, sus movimientos de torsión para hacerlo llegar a cada rincón de su cuerpo llamaron mi atención y facilitó mi trabajo. 
 
El atractivo canto de la Calandria y la delicada melodía del Zarcero Común hubieran llamado su atención tanto como a mi hoy, y le hubiera encantado ver de nuevo a las pequeñas Currucas Tomilleras y esos pequeños pajarillos marrones que todos los pajareros quieren ver cuando vienen a Doñana, la Terrera Marismeña. A la llegada al puente sobre el Caño Guadiamar ella me hubiera pedido que encontrara para ella otra vez a la curiosa Buscarla Unicolor, verla entonar desde lo alto de un carrizo su monótona melodía que recuerda más a un grillo que a otra cosa, con la boca eternamente abierta, como si esperara que los pequeños insectos de los que se alimentan cayeran dentro de ella por sí solos, es uno de esos pequeños espectáculos que ella solía disfrutar con gratitud.
 
Ni que decir que sus cotas de placer se hubieran elevado muy arriba al llegar una vez más a la colonia de cría de Jose A. Valverde. Allí la actividad es frenética de nuevo, como cada primavera, 15 – 20 mil  Garzas Imperiales, Garcillas Cangrejeras, Garcetas Comunes, Garcillas Bueyeras, Martinetes y Moritos, entre otros, se afanan por ultimar sus nidos y comenzar a empollar sus huevos. Los atractivos Patos Colorados anidan bajo los tarajes y, con un poco de suerte, se puede ver también al esquivo Avetorillo volando sobre la laguna para perderse de nuevo entre las eneas.
 
Nos tomo todo un día en invierno a Joanna y a mi encontrar una de las especies que se siempre se le había resistido en sus visitas a Doñana, y tuvimos que ir hasta Sanlúcar de Barrameda para conseguirla, la escasa Cerceta Pardilla, ahora ya tenemos algunas de vuelta en la marisma. 
 
Sin duda nos habríamos acercado también a ver las Gaviotas Picofinas que, de nuevo desde Sanlúcar, donde tienen sus colonias de cría, se acercan a nuestras marismas para alimentarse; las charcas en las marismas de Caracoles, cerca de Huerta Tejada, suelen ofrecer buenas oportunidades para esta especie, como ocurre estos días. 
Una buena amiga se ha ido, y ya no volverá a su querida Doñana; al menos en carne y hueso, aunque estoy seguro que las marismas y bosques de Doñana han quedado de alguna manera impregnados de su energía vital. Desde aquí te envío mi más sincera gratitud allá donde estés.
 
 

In memory of Joanna Francis 

It was about 10 years ago, back in the spring of 2001, when I had the fortune to meet this great person. It wasn’t her first time in Doñana, the exuberant nature of these latitudes had already caught her. Being an enthusiastic nature lover , always willing to increase their knowledge on any subject, always grateful for a new experience, always happy with any small surprise that our excursions in Doñana offered us. From large events like the stunning bird breeding colonies to small events such as the construction of an ant lion trap, from the mighty stag to the most delicate flower, from the highest tree tops to the lowest strata at the eyes of a lizard level, no corner of wilderness felt outside her interest.
 
I enjoyed our outings to Doñana as much as her. After a good number of years of experience as a guide in the Park and thousands of people who I had tried to convey my enthusiasm for this wonderful corner of Europe, I must say that few of them showed such a fervent adherence to Doñana. Nothing motivates more a nature guide than seeing the enjoyment of the person that shares with you the day , so I’ll always be grateful to Joanna for all those great moments we spent together in Doñana.
 
Knowing that it might be the last time, she visited us in late January, she had never seen the Cranes and Geese in their winter quarters, and not being particularly good in waders, wanted to improve their identification skills at the time of the year that was a better challenge. The light of Doñana in winter also captivated her, the clarity of the landscape and the vastness of the marsh flooded after the heavy Autumn rain. But another light, her light, extinguished for ever last week. All who knew her will miss her.
 
I would have loved to show her Doñana again this spring. Winter rain have also been abundant this year so the marshes look great and the expectations are the best in a number of years. Meadows, constantly overflown by Bee-eaters, stay green with abundant flowers and butterflies; in the forest you can easily identify and locate every species by their song, and diversity in the marshes is the highest of the year. The great Imperial Eagle, the querulous Black Kite, the powerful Short-toed Eagle, the great hunter the Booted Eagle, the elegant Montagu’s Harrier, the skilled Kestrels and the tender Little Owls, all would have been willing to show their skills again before Joanna’s eyes.
 
Joanna would undoubtedly also enjoyed the small Kentish Plovers, hatchings their eggs now in a small slit of dried mud on the edges of marsh ponds, and the rare Tenmick’s Stint passing in small numbers now mixed with large groups of other small waders on their way back to the north, and the exotic look of Collared Pratincoles, the loud chatting of the Black Winged Stilts, the displays of fun-toed Lark, the flights of the Lapwings chasing the Black Kites away  from their nests, the curious silhouette of the Crested Coot hiding in reeds away from our sight, Glossy Ibis formations returning to the breeding colony, large flocks of Flamingos flying off and showing the flashes of red fire that decorate their wings and under which we name them, Griffon Vultures gaining height by cycling in a thermal and Purple Swamp-hen, Joanna would have thoroughly enjoyed our extravagant blue cocks which are already feeding their chickens this spring hidden among the aquatic vegetation.
 
She would have enjoyed so much to help me again in the search of, what she perfectly knew it was my favourite bird, the Pintail Sandgrouse. Difficult task each time you try, but that just makes it more interesting and rewarding. The three pairs that we saw today were just taking a dust bath in an open corner of  dry clay   only about 50 meters away from our car, their twisting to make it reach every corner of their bodies caught my attention and made my work easier.
 
If she had been able to come back to Doñana, the attractive  song of the Calandra Lark and the delicate melody of the Melodious Warbler had caught her attention as much as they caught mine today, and she had loved to see again the small Spectacled Warblers and those little brown birds that all birders want to see when they come to Doñana, the Lesser Short-toed Larks. On arrival at the bridge over Caño Guadiamar she had asked me to find for her again a Savi’s Warbler, to see it singing from the top of a reed its monotonous tune that resembles more that of a cricket than anything else, his mouth staying open, as if waiting for the small insects that feeds on to fell inside by themselves attracted by it; that is one of those little things that she used to enjoy with gratitude.
 
Needless to say that her pleasure levels  had risen high above when reaching once more Jose A. Valverde breeding colony. There the activity is hectic again, like every spring, 15 to 20,000 Purple Herons, Squacco Herons, Night Herons, Cattle Egrets, Little Egrets and Glossy Ibis, among others, are struggling to complete their nests and begin to hatch their eggs. The attractive Red-crested Pochards nesting under the tamarisks and, with a little luck, you can also see the elusive Little Bittern flying over the lagoon to hide again among the reeds.
 
It took us a whole day last winter to find a species that she always missed on her visits to Doñana, and we had to go as far as Sanlúcar de Barrameda to get it, the scarce Marbled Teal, now we have some back in the marshes.
 
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